Palabras en Tumblr

Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo. Llegué un día a la isla Isabela en las Galápagos, junto a un hermoso volcán llamado Alcedo. Fue en 2004. Había una tortuga gigante. Un ser enorme de al menos 200 kilos, de las que han dado el nombre al archipiélago. Cada vez que me acercaba a ella, la tortuga se alejaba. No avanzaba rápido,pero aun así no podía fotografiarla. Entonces empecé a pensar. Y me dije: cuando fotografío a seres humanos nunca me planto en mitad de un grupo de incógnito, siempre pido a alguien que me introduzca en él. Después, me presento a la gente, me explico, conversamos y, poco apoco, nos conocemos. Entendí que, del mismo modo, la única manera de lograr fotografiar a esta tortuga era conocerla, ponerme a su altura. Así que me convertí en tortuga: me agaché y empecé a andar a su misma altura, con las palmas de las manos y las rodillas sobre el suelo. En ese momento, la tortuga dejó de huir. Y cuando dejó de caminar, yo hice un movimiento hacia atrás. Ella avanzó hacia mí; yo retrocedí. Esperé unos instantes, después me acerqué, un poco, lentamente. La tortuga dio otro paso hacia mí; enseguida di yo varios pasos hacia atrás. Entonces ella se acercó a mí y me dejó observarla tranquilamente. Pude empezar a fotografiarla. Tardé un día entero en acercarme a esta tortuga. Todo un día para que entendiera que respetaba su territorio.

A lo largo de mi vida he hecho varias historias fotográficas, reportajes que relatan nuestra época y las transformaciones en curso. Para elaborar cada una de ellas necesité varios años. Se suele decir que los fotógrafos son cazadores de imágenes. Es cierto, somos como los cazadores que pasan mucho tiempo acechando a su presa, esperando que quiera salir de su escondite. Con la fotografía es igual: hay que tenerla paciencia de esperar lo que va a ocurrir. Porque va a ocurrir algo, necesariamente. En la mayoría de los casos no disponemos de medios que permitan acelerar los acontecimientos. Por lo tanto, hay que saber disfrutar del placer de la paciencia.

Mientras me muevo ahora, espero que con elegancia, hacia la puerta con el letrero de “Salida”, se me ocurre que lo único con lo que realmente he disfrutado ha sido con el cine. El Sexo y el Arte siempre han tenido prioridad sobre el cine, por supuesto, pero ni uno ni otro han resultado nunca tan fiables como la filtración de la luz actual a través de esa tira de celuloide en movimiento que vuelca imágenes y voces del pasado sobre una pantalla. Así, en un proceso aparentemente simple, se proyecta la historia. (Han permitido que el libro que escribí sobre este tema se agotara y por eso retomo aquí su principal argumento.)

Como escritor y activista político he acumulado varios trofeos neblinosos en mi equipaje de melancolía. Unos reales, otros imaginados. Unos obtenidos de la vida, tal como es; otros de las películas, tal como son. A veces no es fácil distinguir unos de otros en el tiempo, donde estamos y donde estuvimos. ¿Estoy despierto o soñando?

Se almacenó la energía del sol, transformada y utilizada directamente a escala planetaria. Toda la Tierra dejó de quemar carbón y de fisionar uranio, bastaba bajar la clavija que lo conectaba a una pequeña estación de kilómetro y medio de diámetro que giraba alrededor de la Tierra a media distancia de la Luna. Todo en la Tierra se hacía mediante rayos de energía solar.